Ananda: La yegua que aprendió a confiar

Antes me llamaban la loca, pero un día me cambiaron el nombre… y mi historia también cambió. Ahora me llamo Ananda, que significa dicha, y ese es el regalo que hoy puedo compartir con los humanos.

Mi vida no siempre fue así. Yo era una yegua con heridas profundas del pasado. No me dejaba tocar, no confiaba en nadie. Había aprendido que las personas podían ser una amenaza: lazar mis patas, tirarme al suelo… y eso no solo duele en el cuerpo, también lastima el corazón.

yegua

Pero un día, algo diferente pasó. Ella —Aída— llegó y se sentó en medio de la manada. No intentó acercarse, no me obligó, solo me miró y repitió unas palabras que nunca había escuchado con tanto amor:
“Lo siento. Perdóname. Gracias. Te amo.”

Lo dijo una y otra vez, como si me estuviera hablando al alma. Y entonces, algo dentro de mí se suavizó. Caminé hacia ella, me acerqué y, por primera vez, dejé caer lágrimas frente a un humano. Lágrimas que caían sobre la arena, como liberando todo lo que había cargado.

Desde ese día, ella volvió… y yo también. Poco a poco decidí confiar. Sentí que su amor era real, que no venía a lastimarme, sino a cuidarme y a enseñarme algo que yo misma había olvidado: que se puede vivir sin miedo.

desconfianza

Hoy, cuando me llevan a trabajar con personas en sesiones de coaching con caballos, siento profundamente sus emociones. Puedo percibir su dolor, su alegría, su esperanza… incluso aquello que ellos mismos no se atreven a sentir.

En esos momentos, me convierto en un espejo de su alma. A veces represento a la mamá que no estuvo presente, a ese objetivo que parece inalcanzable, o a ese auto-perdón que aún no ha llegado. Y sí… lloro por ellos, me revuelco en la arena para liberar el peso que cargan.

Pero no te preocupes… yo no me quedo con nada. Mi corazón es grande, y como buena yegua, vivo en el presente. Me sacudo, me libero y vuelvo a ser Ananda.

Soy feliz cuando alguien me abraza y llora conmigo. Amo la conexión de amor que Aída me enseñó. Porque esa conexión sanó mi corazón y me devolvió algo que creía perdido: la confianza.

ananda-yegua


💛

 Esta es la historia de Ananda, pero también es la historia de muchas personas que llegan a nuestras sesiones y encuentran, en el corazón de un caballo, un lugar seguro para sanar.

Si quieres vivir una experiencia así, te invito a conocer más sobre nuestras sesiones de coaching con caballos en Conequus.com